“Un Pintor” : Roberto Castillo



En el panorama de la pintura hondureña de los últimos años, que ha visto aparecer nuevos nombre, estilos y temáticas Maltéz deja sentir la fuerza de su personalidad creadora, matizada por el descubrimiento temático, la búsqueda de la forma y la persecución de nuestra identidad.

El encuentro con lo cotidiano y la fascinación de tintes, reflexivos por los personajes, ambientes y mitos de nuestro propio medio forman aquí la trama esencial, el soporte sobre el que el pintor evoluciona en su pintura y en sí mismo.

Volcada sobre su propio pasado, la pintura hondureña parecía no salir de ciertos moldes. Abierta, de pronto, a nuevos estilos y corrientes, colocada al vuelo en la rápida asimilación de muchos elementos contemporáneos, entró en una nueva etapa. Vuelta ahora sobre sí misma, descubre la madurez y encara la tarea de digerir el pasado y de expresar, a la altura de los tiempos actuales, nuevas señas de identidad.

Universo pictórico de dolor, recogimiento, amor y humildad, sus cuadros recogen el humanismo presente en muchos de nuestros pintores. Pero, jalonadas por el desamparo, la incertidumbre, el hambre y la desposesión total, estas figuras no son el simple traslape de lo que la realidad social ha puesto ya en el mundo de los hechos y fenómenos. Sugieren, más bien, el descubrimiento continuo y torturoso que el pintor hace de su mundo.

La dureza social y humana es entre vista o insinuada mediante un bien logrado equilibrio entre opacidad y transparencia. Esta pintura está lejos de querer presentarse como el “viejo espejo” de nuestro entorno; es en cambio, búsqueda recurrente y constante, acechanza interminable sobre una identidad nunca desentrañada, persecución de si misma.

Seguramente que esta fase de la pintura de Maltéz será el punto de partida para otras, como es ya la clave para entender su evolución anterior y hoy por hoy, nos coloca ante la madurez del pintor. Madurez que descansa sobre un reposado dominio de los elementos con que ha emprendido su búsqueda y que apunta hacia su propia definición de verdad artística, porque ésta como muy bien decía Schiller: “es algo que produce la fuerza imaginativa por sí misma y libremente”.
Por : Yenni Obando hondudiarioh.com

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