Las esculturas de Jesus Zelaya



Quien para imaginar que aquel jovencito que sacaban de las clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) por andar descalzo llegaría tan lejos.

Pero esta actitud por parte de su maestro, lejos de avergonzarlo o desanimarlo llenó de coraje a Jesús Zelaya, hasta convertirlo en uno de los escultores más prominentes del país.

Originario de la aldea Suyapa, donde sus ojos se abrieron a la vida el 8 de septiembre de 1954, sus deseos por abrazar el arte iniciaron cuando tenía 12 años y recién había egresado de la escuela primaria.

Sus aspiraciones también fueron motivadas por el destacado pintor nacional Carlos Garay (QDDG), a quien veía todas las tardes en la aldea de Suyapa crear paisajes.

Y fue el mismo Garay quien le informó que había una escuela donde se aprendía todo lo referente al arte: pintura, escultura, modelado y grabado, entre otros. “El maestro Garay me motivó me hablaba del arte, incluso me regalaba pinturas para que yo pintara en la casa. Para mí fue una motivación”, expresó el artista.

Camino de éxito

Con ayuda de unos amigos de su padre, Zelaya logró realizar un examen de admisión para ingresar al ENBA, anteriormente Escuela de Artes y Oficios, el que aprobó con buena nota. Pero lo que pudo haber significado una desilusión u obstáculo para el ahora artista, cuando por su situación económica tenía que presentarse a las clases descalzo, motivo por el que fue expulsado, se volvió un desafío.

Al principio sintió tristeza, pero este problema tenía que resolverse, así que empezó a trabajar y con su primer sueldo se compró un par de tenis, que le costaron cinco lempiras.

En Bellas Artes, Zelaya fue alumno de connotados maestros, unos ya desaparecidos como Mario Castillo, Arturo López Rodezno, Alfredo Sánchez, y otros actualmente destacados como Benigno Gómez, quienes aparte de descubrir sus talento le brindaron formación de calidad.

Todo ello marcó el éxito de este artista, que tiene una trayectoria de 45 años en el campo del arte, especialmente en la pintura y escultura, que considera como un legado de Dios. A lo largo de todo este tiempo, Zelaya siente que tiene un compromiso con su pueblo y es lo que le ha dado sentido a su existencia.

Sus obras como escultor que hoy se exhiben en plazas y parques en varias ciudades del país hablan de su experiencia, en cada una ha dejado parte de sí mismo, con la intención que represente un enlace entre la cultura, el arte y el pueblo.

Entre estas esculturas labradas en bronce están “El forjador”, que se ubica en la Circunvalación de San Pedro Sula, igual en esta ciudad en la plaza Central están “Las lavanderas”, la mujer con atado de ropa. En Santa Lucía los visitantes pueden apreciar en el parque de este pintoresco lugar “La florista”. “El machaquero”, ubicada en la plaza de Villanueva, Cortés.

Jesús Zelaya destaca en sus obras temas como la maternidad, la familia, la alfarería y todo lo concerniente a lo autóctono, lo que despierta el sentido de identidad nacional.

En cuanto a los premios, que su trayectoria artística le ha permitido cosechar, es ver exhibidas en parques, plazas u otros espacios sus creaciones. Si le tocara hablar de una obra que para él signifique tanto, sería la de “El forjador”, que viene a marcar dos tiempos en materia escultórica: lo clásico y moderno. Pero sin duda, las obras que marcarán su vida son la estatua del beato Juan Pablo II y la de la Patrona de Honduras que engalanará los jardines de la Santa Sede.

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